La indiferencia ante el cambio climático es la mayor amenaza para la economía española

cambio climático

El programa Copernicus, gestionado por la Unión Europea, ha informado que la temperatura media mundial, entre febrero de 2023 y enero de 2024, es un 1,52ºC superior al promedio preindustrial de 1850-1900, habiéndose registrado récords en la temperatura media global de la superficie del mar.  En el último año la concentración de CO2 siguió aumentando desde 419 a 425 partes por millón. El Ministerio de Transición Ecológica ha publicado que la anomalía térmica de enero de 2024 ha alcanzado los 3ºC por encima del valor medio en gran parte de España.

En 2014 el Ministerio de Agricultura financió la investigación Cambio Climático en la costa española, realizada por el Instituto de Hidráulica ambiental de la Universidad de Cantabria. El estudio cuantificó los costes del cambio climático en el litoral español a lo largo de este siglo entre el 0,5% y 3% del PIB, según provincias y escenarios, por la subida del nivel del mar hasta 80 centímetros. Afectará principalmente a todas las infraestructuras, los deltas del Ebro, Guadiana y Guadalquivir, y a decenas de millones de personas que habitan en la costa, urbanizada en un 75%.

“Los científicos del CSIC han alertado del peligro que representa para España la velocidad del avance de la desertificación y aridificación del territorio por culpa de la actividad humana, del clima y el desinterés general”

 

Cómo se acelera el cambio climático

Los fenómenos climáticos extremos han aumentado en los últimos diez años y una actualización de sus impactos arrojaría costes más elevados. Pero lo que estos fenómenos extremos demuestran es la falta de políticas vinculantes de adaptación al clima y una fatal indiferencia sobre sus causas, que se demuestra en la fijación de culpables externos a nuestros propios comportamientos, como las políticas de la Unión Europea, el dogmatismo ambiental o las mismas energías renovables.

“Así, se acelera el cambio climático y sus impactos en todas las actividades con el prejuicio de que la culpa es siempre de otros”

El sector energético ha identificado otro culpable: el persistente descenso de la demanda eléctrica, que en España está al mismo nivel de hace veinte años.

“No repara en que su baja reputación y los altos precios han mentalizado al consumidor para abandonar su perfil cautivo y acceder a los instrumentos de eficiencia energética. No se han percatado de que la psicología del consumidor ha cambiado y que la caída de la demanda es en gran medida estructural”

La alternativa del sector renovable de electrificar la demanda es correcta, pero se olvida del perfil del consumidor activo en el desarrollo de los recursos distribuidos.

La importancia de reducir la demanda energética

El modelo de negocio del mercado mayorista está en crisis porque para ser viable necesita incrementos constantes de la demanda eléctrica, con barreras a la eficiencia energética y un mecanismo que asegure precios altos, referenciados siempre a la energía más cara, que es el gas. En cuanto falla la demanda el tinglado se cae”.

Y es precisamente la reducción de la demanda energética la clave para electrificar y descarbonizar la economía al reducir la dependencia de los grandes suministradores. Porque la adaptación al cambio climático ha de venir de las actuaciones para reducir la demanda y no para aumentarla.

“Si con el actual diseño de mercado la demanda sigue estancada no se puede seguir cargando a los consumidores los déficits del sector energético, como se hizo en el pasado con las inversiones nucleares y gasistas y pronto se hará con el hidrógeno, como acaba de advertir la presidenta de la CNMC”

Las instituciones europeas han acordado que el mercado no se toca y seguirá cerrado a la participación de la demanda y los consumidores.

El retraso en el desarrollo de los instrumentos de ahorro, como el autoconsumo, el almacenamiento local, vehículos eléctricos con recarga bidireccional, agregadores, comunidades energéticas y edificios de energía positiva, es la barrera más importante para que los consumidores participen en los mercados energéticos, como establecen las directivas europeas.

 

La Comisión Europea olvida la prioridad de actuar sobre la demanda

Pero Bruselas ha lanzado una recomendación para reducir las emisiones un 90% en 2040 apostando por tecnologías inmaduras, caras y no sostenibles, como la captura de carbono y los pequeños reactores nucleares (SMRs), que se añaden al gas, el hidrógeno y los e-fuel que, siguiendo el texto de la nueva directiva de energías renovables, se contabilizarán como renovables si la reducción de emisiones, derivada de su uso, es de al menos el 70%.

“Sin análisis de costes y beneficios y sin estudios de demanda, como exige el Reglamento (UE) 2018/1999, de la gobernanza de energía y clima, se embarca la Comisión Europea en una huida hacia adelante ineficiente, con alto riesgo financiero, como ha destacado el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA), que encantará a los inversores, pero que oculta el riesgo que supone para los sectores económicos y los consumidores que habrán de pagarlo, así como para el cumplimiento de los compromisos climáticos”

¿Dónde quedan el principio de “primero, la eficiencia energética” y la protección de los consumidores que tanto repite Bruselas? El sector energético y la Comisión Europea juegan con el apagón eléctrico. Por eso planifican el crecimiento de la oferta con megaproyectos que encajan con los nuevos ciclos inversores que necesitan las grandes energéticas para sus operaciones corporativas, pero se olvidan de que la mejor solución a los apagones está en los instrumentos de flexibilidad desde el lado de la demanda, regulados en las directivas del paquete de invierno, para descarbonizar y electrificar la economía reduciendo las necesidades energéticas.

 

El contexto electoral europeo impulsa el negacionismo climático

Estremece ver a los Estados miembros plegarse a esta estrategia, que coincide con los intereses del euroescepticismo y el retardismo climático. Alemania, como hizo España en 2002, va a invertir 40.000 millones de euros en la construcción de 25 GW de centrales de gas que en el futuro se adaptarán a funcionar con hidrógeno y se multiplica en toda Europa la inversión en hidrógeno con fondos europeos sin estudios de demanda.

Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha cedido en el Pacto Verde europeo frente a los grupos de presión en aras de la neutralidad tecnológica. El balance energético de España 2021-2022, que publica el Ministerio de Transición Ecológica, demuestra que, pese al avance de las renovables, el consumo de gas y petróleo roza el 70%, siendo la cota más alta desde 2010.

“En un contexto europeo en el que aumentan los ataques a la transición energética y a las renovables con invectivas, como la expresada por el expresidente Felipe González, que ha equiparado los residuos de las instalaciones solares y eólicas con los residuos radiactivos, como si el mundo se hubiera parado en los ochenta, el negacionismo climático se extiende”

Se alejará así la posibilidad de facilitar a los consumidores finales el acceso a los instrumentos de eficiencia energética para ahorrar energía y reducir la demanda y se permitirá a los contaminadores seguir contaminando.

 

Una definición de la transición energética

La Recomendación (UE) 2021/1749, sobre la aplicación del principio de “primero, la eficiencia energética”, establece en sus considerandos que este principio “implica un cambio del modelo tradicional de producción y consumo de energía basado en grandes proveedores dominados por los combustibles fósiles y consumidores pasivos que asumen precios, hacia un sistema más flexible, que incorpore tecnologías renovables y se centre en los consumidores activamente comprometidos y promueva las soluciones más eficientes para la neutralidad climática”. Es la mejor definición de lo que debe entenderse por transición energética.

La flexibilidad desde la demanda y los recursos distribuidos son soluciones de eficiencia energética; por el contrario, la Comisión Europea ha decidido que el consumidor final no sea el principal actor de la transición energética y lo ha sustituido por el gas, el hidrógeno, la nuclear y la captura de CO2 y por conceptos climáticamente ambiguos, como las energías bajas en carbono o las energías no fósiles.

 

Artículo original para Energías Renovables


Sigue mi actividad y comparte mis reflexiones

SUSCRÍBETE!