¿Existen las energías renovables fósiles?

¿Existen las energías renovables fósiles?

La Directiva (UE) 2023/2413, de energías renovables, modifica las definiciones de la directiva de 2018 con conceptos como fuentes renovables no fósiles” o “energías no fósiles”, así como combustibles renovables (de la biomasa) y “combustibles renovables de origen no biológico” (distintos de la biomasa) para permitir la combinación energética entre las energías no fósiles y los combustibles renovables de origen no biológico en la cuota de renovables en “circunstancias nacionales específicas”.

Es una sutileza para citar sin nombrarlos a la nuclear, el gas, e-fuel e hidrógeno como energías verdes o bajas en carbono.

Para aclarar este embrollo conceptual, el artículo 29 (bis) determina que los “combustibles renovables de origen no biológico” se incluirán en la cuota de renovables si la reducción de emisiones, derivada de su uso, es de al menos el 70%. La metodología para esa valoración se desarrollará en futuros actos delegados de la Comisión Europea.

La Directiva (UE) 2023/1791, de eficiencia energética, ilustra estos conceptos en sus considerandos al afirmar que, durante un periodo transitorio, el ahorro de energía que se obtenga con combustibles fósiles puede contabilizarse a los efectos del sistema de obligaciones de ahorro de energía.

  • El artículo 26 de esta directiva concreta que para que un sistema urbano de calefacción y refrigeración se considere eficiente no deberá aumentar el uso de combustibles fósiles “distintos al gas natural” y que ninguna fuente de calor utilizará combustibles fósiles, “a excepción del gas natural”, si se construye o renueva hasta 2030.
  • En el Anexo V se añade que el ahorro de energía obtenido con combustibles fósiles no se contabilizará a efectos de la obligación de ahorro, con la excepción hasta 2030 de las empresas de gran consumo que demuestren que la tecnología de combustión directa de combustibles fósiles ha reducido el consumo de energía y será compatible en el futuro con tecnologías y combustibles alternativos climáticamente neutros (calderas híbridas).

Y los combustibles alternativos no son limpios ni renovables sino un subterfugio para aumentar la demanda de energía fósil, una ventaja para los grandes suministradores y más dependencia energética.

El Reglamento (UE) 2020/852, sobre taxonomía de las inversiones sostenibles, etiqueta cualquier tecnología como verde si ayuda a la sostenibilidad de otra actividad.

“Su aplicación ha embarrado el paquete “Fit for 55” con una ambigüedad climática y tecnológica solo justificada por “circunstancias nacionales específicas” (léase del eje franco-alemán) para crear demanda de gas, nuclear, e-fuel e hidrógeno en detrimento de las energías renovables y la eficiencia energética”

Se mezclan los conceptos de energías no fósiles y renovables de forma redundante, cuando las directivas del “paquete de invierno” no citaban al gas, ni la nuclear ni el hidrógeno. Es un retroceso que puede ser mayor cuando se traspongan las directivas.

“La filigrana de una futura adaptación de las tecnologías fósiles de calor y frío al hidrógeno es inviable técnica y económicamente. Solo pretende extender la demanda de gas en calefacción hasta 2050”

Las directivas tampoco resuelven el desequilibrio entre energía centralizada y distribuida porque siguen atadas al diseño del mercado eléctrico, que excluye la participación de la demanda y de los consumidores activos.

Después del barullo conceptual del paquete “Fit for 55”, que ha obrado el milagro de convertir la energía fósil y nuclear en renovable, la perogrullada de definir las renovables como fuentes de energía no fósiles se explica por sí sola.

Artículo original para Energías Renovables


Sigue mi actividad y comparte mis reflexiones

SUSCRÍBETE!