Las centrales nucleares no protegerán a los europeos de las crisis energéticas
El principal propósito del paquete legislativo “Fit for 55” de 2023 era proteger a los consumidores de la Unión Europea de nuevas crisis de precios altos de la energía y de los impactos del cambio climático por la dependencia de los combustibles fósiles. Si en 2022 fue la guerra de Rusia contra Ucrania el hecho que desencadenó la crisis por el gas ruso, en 2026 es la guerra de EEUU contra Irán la causa de una nueva crisis por las tensiones en los mercados de gas y petróleo, en un contexto de olas de calor y sequía en toda Europa.
“Las decisiones equivocadas de la Comisión Europea desde 2019 han llevado a que la sociedad y la economía europeas estén condenadas a soportar sucesivas crisis de precios altos de la energía por la dependencia de los combustibles fósiles. Son decisiones que hoy impiden cumplir el objetivo más importante de la política energética: alcanzar precios asequibles de la energía para hogares e industrias”
2022-2026: dos crisis de altos precios de la energía y cinco años perdidos
La Directiva (UE) 2024/1711, sobre la configuración del mercado de la electricidad, iba a ser la respuesta a la crisis de precios de 2022 por la invasión rusa de Ucrania; pero la negativa de la presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen, a modificar el mercado eléctrico la convirtió en una norma fallida al no cambiar la metodología de conformación de precios por la que la energía más cara, que es el gas, es la que fija el precio de la luz.
“Las similitudes de las dos crisis son escalofriantes. La causa desencadenante es la dependencia europea de las importaciones de gas y petróleo. A partir de este hecho se suceden la alta inflación, electricidad y carburantes caros, riesgo de suministro y bajas reservas, aumento de las importaciones de gas y petróleo, déficit de la balanza comercial, precios mayoristas disparados, beneficios históricos de las energéticas, alto coste de la deuda soberana y empobrecimiento de Europa”
En 2022 empezaban a aplicarse los fondos Next Generation EU, la primera mutualización de deuda europea por un importe de 750.000 millones de euros para construir una Europa más fuerte y resiliente, priorizando la transición ecológica y la transformación digital.
Por el contrario, en 2026 todo apunta al regreso de la austeridad y el retardismo climático. Alemania y los países del norte de Europa han propuesto recortar un 20% el presupuesto comunitario y volver al Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Es como retroceder a la crisis de la deuda de 2008 con Ángela Merkel. Solo que en 2026 los océanos y mares están ardiendo, Europa se calienta el doble que la media del planeta y encara temperaturas de 50ºC.
¿Qué ha hecho Europa desde 2022?
El gas ha sido el detonante de las crisis energéticas y el almacenamiento la tecnología llamada a sustituirlo; pero la Unión Europea se olvidó de las baterías hasta que China dominó ese mercado. En la presentación del Pacto Verde en 2019, la Comisión Europea eligió el gas y la nuclear como energías importantes de la transición energética para complementar las renovables por su poca fiabilidad para alcanzar los objetivos climáticos.
“Al apostar por la nuclear y no modificar el mercado eléctrico, las crisis se afrontan con las mismas reglas diseñadas en el siglo pasado para un sistema dominado por los combustibles fósiles, sin tener en cuenta el peso de las renovables, la eficiencia energética y los consumidores activos”
Las consecuencias se las han recordado a Von der Leyen las principales asociaciones del sector eléctrico y de renovables que le han pedido un plan de acción contra los combustibles fósiles. Según sus patronales, las crisis de combustibles fósiles han añadido en cuatro años más de 50.000 millones de euros a la factura energética de los hogares y las empresas europeas. Bruselas los ha dejado desprotegidos.
Von der Leyen o el liderazgo de la indiferencia
A finales del pasado mes de agosto, ante empresarios franceses en Roland Garros, Von der Leyen reconocía que el coste de la energía frena la competitividad de la Unión Europea porque la electricidad es tres veces más cara que el gas;
“pero no entró a reconsiderar el método de conformación de precios de la electricidad, que toma como referencia los precios más altos del gas, ni cómo cambiar un mercado dominado por los combustibles fósiles”
En el Plan de Acción para la Electrificación, presentado el pasado mes de julio, la Comisión Europea ha propuesto a los gobiernos que apoyen la energía nuclear porque su combinación con las energías renovables reducirá el uso del gas y abaratará la energía. Pero lo que han demostrado las últimas crisis energéticas es que el diseño de mercado es lo que provoca los altos precios de la electricidad e impide que los consumidores se beneficien de la energía más barata que producen las renovables.
La incoherencia europea sobre los mercados energéticos desde 2019 es la consecuencia de considerar que todas las tecnologías sirven para la transición energética. Desde la taxonomía de 2020 se ha antepuesto la neutralidad tecnológica a la neutralidad climática para impulsar nuevos ciclos de inversión en nuclear, gas, renovables a gran escala, hidrógeno o centros de datos que seguirán alimentado futuras crisis. Nada que ver con la construcción de sistemas eléctricos resilientes adaptados al clima como proponen las directivas europeas.
No hay lugar para la resiliencia en el renovado apoyo a la energía nuclear. No se repara en los precios, costes, plazos y déficits que se cargarán a los consumidores, ni en la prioridad de la eficiencia energética que estableció la gobernanza sobre energía y clima de 2018, ni el estado de emergencia climática que declaró la Unión Europea en 2019.
“Saltarse estos compromisos es ignorar que de la capacidad para desarrollar la resiliencia ambiental y tecnológica depende el futuro de Europa”
En el nuevo Informe IPM “Centrales nucleares o sistemas eléctricos resilientes”, Javier García Breva reflexiona sobre la necesidad de que la combinación energética que decidan los gobiernos de la Unión Europea debe orientarse a la creación de sistemas eléctricos resilientes para afrontar la adaptación al cambio climático.

