El PNIEC 2023-2030 no impedirá futuras crisis de elevados precios de la electricidad

El primer borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (2020-2030) que España presentó ante la Comisión Europea en 2019 tuvo una excelente acogida por parte del sector eléctrico, hecho que se analizó por La Oficina de JGB en el artículo Por qué el PNIEC ha gustado tanto a las eléctricas”, de 18 de marzo de 2019. La actualización del nuevo PNIEC 2023-2030, aprobado el pasado mes de septiembre, ha vuelto a confirmar el alto grado de satisfacción del sector eléctrico, porque es continuista con el anterior y garantiza el ciclo inversor en generación renovable, redes e hidrógeno.

La eficiencia energética antes que la oferta de generación

Este continuismo pasa por alto la crisis de elevados precios de la electricidad de 2022, cuando se dispararon los precios del gas por la invasión de Ucrania por Rusia. Tal hecho debe tenerse en cuenta en la planificación energética para dar prioridad a los instrumentos de eficiencia energética y flexibilidad desde la demanda que son los que pueden garantizar a hogares e industrias precios asequibles de la energía y proteger a los consumidores de la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles, así como de un mercado (pool eléctrico) referenciado a los precios de la energía más cara, que Europa ha rechazado modificar.

La consecuencia de relegar la gestión de la demanda con medidas indicativas y objetivos faltos de ambición, que impiden la participación de los consumidores en los mercados, es que frena la adaptación al cambio climático en sectores de elevado consumo y emisiones, como la edificación, el urbanismo y el transporte, que determinan lo que el periodista Andrés Rubio definió en 2022 como la “España fea”.

“En las directivas del “paquete de invierno”, los objetivos europeos de energía y clima en emisiones, renovables y eficiencia energética, son interdependientes, no actúan por separado, y se atienen a una jerarquía para ser eficaces. Hacer renovables sin eficiencia es un derroche de energía que resulta muy caro y eliminar las emisiones sin reducir las necesidades energéticas es un objetivo inalcanzable”

La primera política energética es la eficiencia energética. Obliga a que cualquier decisión sobre nuevas inversiones, empezando por la planificación, tenga en cuenta antes alternativas de eficiencia energética y se someta a análisis de demanda y de costes y beneficios que aseguren que los ingresos superan los costes. Esta metodología se recoge en el Reglamento (UE) 2018/1999, sobre la gobernanza de la Unión de la Energía y la Acción por el Clima, en la Recomendación (UE) 2021/1749 y la Recomendación (UE) 2024/2143, ambas sobre directrices para la aplicación del principio de “primero, la eficiencia energética”.

Las recomendaciones europeas sobre eficiencia energética desarrollan la metodología que antepone las soluciones desde la demanda a las soluciones desde la oferta. Es la metodología a la que debe atenerse el PNIEC para asegurar precios asequibles de la energía y la descarbonización de la economía.

Cinco reflexiones sobre el PNIEC 2023-2030

1. El PNIEC sigue más orientado a la oferta de energía que a la demanda. Lo importante son los objetivos de cada tecnología a través de instalaciones de energía centralizada para alcanzar los objetivos climáticos, dejando en segundo lugar los recursos energéticos distribuidos y de eficiencia energética que aseguran la capacidad de energía flexible desde el lado de la demanda con participación de los consumidores, imprescindible para acelerar la electrificación y descarbonización. Se atiende así al interés de los grandes generadores que rentabilizan sus inversiones en redes e instalaciones renovables con un diseño de mercado que no se ha modificado y con sus operaciones corporativas.

2. La transición energética no consiste en sustituir el uso de combustibles fósiles por renovables, sino en cambiar el actual modelo de producir y consumir energía, basado en grandes proveedores y consumidores pasivos, para centrarlo en la participación de los consumidores en los mercados energéticos a través de las alternativas de eficiencia energética. Es el mensaje de las directivas de energías renovables y del mercado eléctrico del “paquete de invierno” de 2018 y 2019, que sitúan antes la demanda que la oferta en la planificación energética y los planes de cobertura.

3. Las soluciones desde el lado de la demanda, más baratas y accesibles quedan en un segundo plano frente a las soluciones desde la oferta, que quedan mucho más claras en el PNIEC, aunque algunas de ellas, como el hidrógeno, sean aún inmaduras, caras y sin demanda que las haga viables.

Este orden de prioridades se debe, en primer lugar, al retraso crónico en la regulación de los instrumentos de eficiencia energética, como el autoconsumo colectivo, las comunidades energéticas, el almacenamiento en baterías, la simplificación administrativa, la agregación de la demanda, los edificios de cero emisiones o la recarga bidireccional de vehículos eléctricos.

El desequilibrio entre los citados retrasos regulatorios y el crecimiento de la generación renovable centralizada afecta negativamente al desarrollo de los recursos energéticos distribuidos, a la flexibilidad desde la demanda y al derecho de los consumidores a generar, almacenar, compartir, agregar, vender y consumir su propia energía renovable.

En segundo lugar, al no haberse modificado la conformación de precios del mercado eléctrico, la capacidad de flexibilidad desde el lado de la demanda, así como la participación de los consumidores finales, quedan fuera del mercado, con lo que se cierra la competencia y se aleja el objetivo de asegurar precios asequibles a hogares e industrias, así como la adaptación al cambio climático a través de la modificación de los usos de la energía.

4. Los objetivos de rehabilitación y vehículos eléctricos retrasarán la electrificación:

  • Movilidad eléctrica: se pone más interés en el número de vehículos eléctricos que en el de puntos de recarga. Se pasa por alto el modelo que determinan las directivas europeas de recarga bidireccional e inteligente en los edificios donde la gente vive y trabaja, viviendas y centros de trabajo, antes que en gasolineras o autovías.
  • Rehabilitación energética de viviendas: se marca un objetivo que no alcanza ni el 1% de tasa anual de rehabilitación del parque de viviendas, cuando las directivas europeas establecen el 3% desde hace veinte años.
  • Almacenamiento: el objetivo de almacenamiento en baterías detrás del contador, distribuido o en baja tensión, sigue siendo insignificante cuando es la alternativa más viable para evitar a los consumidores costes en sobreinversiones de gas, hidrógeno y redes.
  • Electrificación: el objetivo de un 35% de electrificación de la economía es bajo e insuficiente, teniendo en cuenta que actualmente no supera el 25%. Además, como sucede en los edificios y los vehículos eléctricos, se plantea sobre una suposición tramposa descrita en la estrategia de rehabilitación (ERESEE 2020), que establece un objetivo de descarbonización de los edificios entre el 80% y 90% solo con electricidad de la red y un crecimiento testimonial de las renovables en las viviendas y edificios, dando por supuesto que toda la electricidad de la red será renovable. En coherencia, se eleva desde el 5% al 34% el objetivo de la demanda eléctrica, lo que asegura el crecimiento de la inversión en redes, como seguro de vida para las eléctricas, que pagarán los consumidores en la factura de la luz y, de paso, extender el uso de los combustibles fósiles en la calefacción y el transporte.

5. El objetivo de reducción de emisiones queda condicionado al objetivo de electrificación. Las emisiones se reducirán solamente un 32% sobre la base de 1990, incumpliendo de esta manera el tratado internacional del Acuerdo de París de 2015 y la decisión de la Unión Europea de llegar a una reducción de emisiones del 55% en 2030.

Eficiencia energética para rebajar los precios de la energía y la temperatura del planeta

La Agencia Internacional de la Energía acaba de constatar el frenazo global de la eficiencia energética en 2023 y 2024. Para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas, la inversión en la eficiencia energética de los vehículos, los edificios y la industria debería triplicarse desde los 660.000 millones de dólares actuales hasta 1,9 billones en 2030.

Anteponer los objetivos desde el lado de la demanda hará posible alcanzar los principales objetivos del PNIEC, como son reducir las necesidades energéticas al mínimo y electrificar la economía para eliminar las emisiones contaminantes.

La transición energética debe servir para afrontar una nueva crisis de precios elevados de la electricidad, con precios asequibles a hogares e industrias, y anticiparse a las amenazas del cambio climático porque, como ha afirmado la Agencia Europea del Medio Ambiente en su primera evaluación del riesgo climático, el cambio climático avanza más deprisa que nuestra adaptación al clima.

 

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