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Transición energética y Pacto Verde Europeo

Cuando la Unión Europea aprobó el Pacto Verde europeo abrió la puerta al acuerdo sobre los criterios para determinar qué inversiones serían etiquetadas como sostenibles, permitiendo que la energía nuclear y el gas fósil sean consideradas como verdes por ser energías de bajas emisiones. Lo que se pone en cuestión es la coherencia de las instituciones europeas con las directivas y recomendaciones que ellas mismas han aprobado, así como con la declaración de emergencia climática.

La mejor energía es la que no se produce porque no se necesita

La directiva europea de eficiencia energética de 2012 creó el sistema de obligaciones de ahorro de energía. La nueva directiva de 2023 ha establecido la obligación de los gobiernos de elaborar la metodología para evaluar y monetizar la eficiencia energética, reconociendo el valor económico del ahorro energético. Después de una década se da a la eficiencia energética la consideración de fuente de energía por derecho propio y elemento prioritario de la combinación energética de la transición ecológica, junto con las renovables y la electrificación de la demanda, para descarbonizarla economía y proteger a los consumidores de los combustibles fósiles.

El repliegue medioambiental de la Unión Europea

A medida que los indicadores del cambio climático se hacen más perceptibles, las exigencias medioambientales de la Unión Europea se relajan y flexibilizan por la aplicación de la neutralidad tecnológica para reorientar las inversiones desde los modelos de negocio más sostenibles hacia otras actividades contaminantes y dependientes del exterior que retrasarán la adaptación al clima y la descarbonización de los sectores económicos de mayor consumo de energía y emisiones. La neutralidad tecnológica conduce a la paradoja de que determinadas actividades puedan seguir contaminando si ayudan a otras actividades a reducir las emisiones.

Europa no se puede permitir retrasar la descarbonización de su economía

La constatación de las dificultades para cumplir el Acuerdo de París y los objetivos del Pacto Verde Europeo exige una reflexión sobre los distintos enfoques de la transición energética. Mientras se impulsan tecnologías de oferta, caras, inaccesibles a los consumidores y sin estudios de demanda o de costes que aseguren que los ingresos superan los gastos, otras tecnologías que afectan a la demanda, más maduras, asequibles y con mayor potencial de ahorro de energía y emisiones se relegan o se regulan tarde y mal.

La naturaleza del Pacto Verde Europeo

El primer análisis crítico de las directivas europeas del paquete “Fit for 55” destaca cómo la prioridad de la neutralidad tecnológica en la transición energética se ha convertido en una forma de retardismo de la acción climática.

La indefinición del concepto de descarbonización, así como la no reforma del mercado eléctrico, condicionarán el desarrollo de las normas europeas en las que se reconoce la función determinante de los intereses nacionales específicos.

La vulnerabilidad energética de Europa y el populismo

La inacción regulatoria para afrontar la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles ha tenido consecuencias para la transición energética: primero, Europa ha liderado el mercado mundial de gas natural licuado en 2022 y ha aumentado un 60% sus importaciones, con el mismo protagonismo ruso y el de España y Francia por su mayor capacidad de regasificación; segundo, en la revisión de las directivas europeas se ha introducido el concepto de las “energías bajas en carbono”, eufemismo que considera como renovables al gas, la nuclear, los e-fuels o el hidrógeno de cualquier color mientras ayuden a los objetivos de sostenibilidad.

En ambos casos, se trata de un freno a la lucha contra el cambio climático que compromete los objetivos europeos de energía y clima para 2030 y 2050 y aumenta el riesgo de la volatilidad de los precios del gas y el petróleo.

Acelerar la transición energética

Al inicio de 2023 los problemas que más preocupan a la economía global se centran en la rentabilidad de las empresas. Los bancos centrales pueden precipitar una recesión por infravalorar la crisis energética y climática en el aumento de la inflación. Los altos precios de la energía en 2022 por la invasión rusa de Ucrania han operado en un doble sentido: han provocado una inversión récord en energías renovables y, a la vez, en combustibles fósiles. El miedo a la seguridad energética determina las decisiones y atenaza los cambios.

El autoconsumo, comunidades energéticas, almacenamiento detrás del contador, recarga de vehículos eléctricos, agregación, microrredes, redes de calor y frio, aplicaciones inteligentes y edificios de energía positiva permitirán sumar capacidad flexible para sustituir los combustibles fósiles por energías limpias y abrir la competencia a los consumidores.

Acuerdo de París 2015: repercusión en la política energética española

El 12 de diciembre de 2015, representantes de 195 países acordaron en París rebajar las emisiones que provocan el calentamiento global. El 22 de abril de 2016 los gobiernos de 155 países firmaron en Nueva York el acuerdo en defensa del clima. Mientras EEUU y China han ratificado el acuerdo, la UE todavía no ha iniciado el proceso de ratificación. El gobierno de España ha firmado el acuerdo, sin embargo, el cambio climático no figura ni en la agenda política ni en la económica. El acuerdo del clima adoptado en la Cumbre de París va a suponer una transformación profunda del modelo energético tal y como hoy lo conocemos.

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